La calle de los Cestos

La calle de los Cestos

Bajando por el callejón de la derecha hacia la Plaza de Almeida está la conocida “Calle de los cestos”, “Cesteiros” que en principio se llamó “Calle de la Amargura” porque de ésta rúa salía la Virgen de tal nombre en dirección a la Plaza de la Constitución para encontrarse con el Nazareno en el tradicional Sermón del Encuentro, y posteriormente le cambiaron el nombre por “Rúa Emilio Rubín”.

La esquina de la bajada estaba ocupada por una “Mantequería” . Cercano, en la “Calle Pobladores” dos hornos de leña se dedicaban a fabricar pan, y también cocían en el horno pagándole unos céntimos por las empanadas y tarteras con contenido dentro , que solían ser de barro, para el asado de carne, principalmente, y que los vecinos llevaban. Era a estos hornos a donde acudíamos para comprar la barra de pan, que salía caliente, e inmediatamente la llevábamos a la citada mantequeria para untar con mantequilla, que se derretía al contacto del calor, ¡un poco de azúcar por encima y a disfrutar del Bocata!

El entrar en frente el “Bar Chavolas” que era frecuentado por los llamados “Chiquiteros” así conocidos por ir de Bar en Bar tomando “Chiquitas” -tacitas con capacidad pequeña para vino- tradición exclusiva para el sexo masculino, quedando vetadas las mujeres.

Siguiendo , bajando a la izquierda una “Fábrica de Hielo”. De aquella las neveras no eran como ahora “eléctricas” y había que conformarse introduciendo el hielo que se compraba. ¡y que gusto daba poderse deleitar con una bebida fría!. En frente una casa de citas.

Encontramos cesterías a ambos lados, y pasándolas, un acceso a “Almacenes Triunfo” regentado por D. Tomás, que atravesaba a calle Triunfo, y de ahí tomó su nombre.

Recuerdo que en frente de esta puerta de Almacenes , en la esquina de la calle, estaba establecida una mujer que ejercía la prostitución llamada Luisa Paris, y era muy devota al Cristo de la Victoria. Los Domingos iba a misa con peineta española y un atuendo muy atrevido ¡pero vestida de negro!, tratando de atraer la atención de los demás, ¡o eso es lo que creo!. Gabriel García Márquez , premio Nóbel de literatura en 1982, escribió sobre este duro oficio de tapadas y yo solamente voy a citar una novela sobre el tema “Memorias de mis putas tristes” que apareció en 2.004. Tenía una madame que se llamaba María y había una pequeña tienda en el portal a donde los niños íbamos a comprar aceitunas y bolitas de Anís.

Al fondo a la derecha, se aprecian dos huecos de ventanas y en el centro de ellas uno de una puerta, que servía de entrada al “Bar Peixiño do Mar”. algunos clientes esperaban turno para acceder a “estos Servicios” y nosotros como niños no nos escandalizábamos, y las niñas jugaban a la “mariquitilla” tranquilamente delante de su portal.

A este Juego infantíl “La Rayuela” le llamábamos “la mariquitilla”, y era jugado por niñas.Se dibuja en el suelo, con una tiza, el diagrama para jugar , compuesto por cajas con números del 1 al 10. Las losas de la calle servían de cajas.

Una fontanería al lado de la última cestería e instalada en un sótano de la que recuerdo una anécdota. “A los aprendices que se incorporaban los más veteranos les decían que le pidieran al “Botatronos” (así se le conocía al dueño, por dirigirse a los trabajadores a grandes gritos), cualquier herramienta “una piedra de afilar las agujas era una de ellas”. Las risas al ver cuando estos se dirigían al Jefe diciendo “Sr. Botatronos….. quisiera… ” causaba risas entre ellos.

Al final se me hace obligado citar a un buen amigo Antonio Suárez Dávila, o Cesteiro Maior y a su padre D. Antonio y Madre Doña Maruja (D.E.P.)

Antonio Suárez Davila hijo de D. Antonio

A Don Antonio, todos los niños de este  barrio  tenemos  que agradecerle  la paciencia que tuvo con nosotros. Cualquier cosa que le solicitábamos nos la concedia, y desde una hélice de madera que daba vueltas al darle el viento al correr,  hasta arreglar cualquier juguete  que se nos estropeaba. “El siempre estaba dispuesto a complacernos”.

La calle de los cestos era visitada por muchos turistas de todos los países atraídos por la venta de los Cestos de mimbre artesanos, serones para poner a andar los primeros pasos de los niños, Sillas, mesas etc

Dos de las cesterias de la calle de los cestos

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